Suelo tener tantas cosas que escribir rondándome la cabeza que al final por cuestiones de tiempo no acabo escribiendo ninguna y es una pena porque acabo como ahora, con la cabeza a punto de estallar.
Y es que la rutina de mi vida ahora mismo, como la de todos los humanos con suerte y trabajo, sólo se rompe el fin de semana. No es que el fin de semana no trabaje, soy una autónoma pringada, pero al menos no tengo que estar mirando un maldito reloj que me dice cuando levantarme, trabajar, comer, correr al bus... voy a mi ritmo, mi tiempo es mío y así soy feliz. Algún día lo será siempre.
Además está Albus, ese hijo perruno que tantas alegrías y algún disgusto que otro nos da, pero que es una herramienta de socialización que nos ha permitido relacionarnos con gente maravillosa con la que reír y desconectar y arreglar el mundo durante una horita todas las noches.
Tengo la cabeza llena de ideas pero también llena de miedos. Lo que hago es llenarla de literatura, que siempre ha sido la mejor medicina, calmante, sedante a veces.
Es hora de poner en marcha algunas de ellas, es momento de no rendirse y de luchar más que nunca, de ir directamente a lo que quiero. La vida se acaba cuando menos te lo esperas y no quiero irme de este mundo sin poder decir que lo he dado todo, vivido todo y sentido todo.
Todo... lo que yo quiera, no todo en el sentido universal.
Y sí, es una entrada un poco "random" que se dice ahora, pero es que o empiezo a soltar cosas o el vaso empezará a rebosar y no podré controlarlo.
Gotita a gotita, lo iré vaciando. Paciencia...
No me lo creo ni yo :P
Hace 15 horas
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